De la tensión doméstica a los trastornos emocionales
Vivir bajo un clima de confrontación constante eleva los niveles de estrés, lo que puede derivar en síntomas físicos como el insomnio o incluso episodios agudos como ataques de pánico. En los miembros más vulnerables, los problemas familiares no resueltos suelen alimentar una baja autoestima o propiciar la aparición de problemas de conducta y fobias sociales. Si estas dinámicas se prolongan, el entorno puede favorecer el desarrollo de trastornos emocionales más graves, como la depresión, que requieren una intervención psicoterapéutica especializada en la capital.
